La violencia doméstica viola los derechos humanos de sus víctimas como la libertad, dignidad, salud y sobre todo, la paz. De acuerdo con información suministrada por la OPM existen tres tipos de maltrato: físico, psicológico y sexual.

El físico es cuando se utiliza la fuerza física para causar daño a la pareja u obligarla a cometer un acto que no desea, mientras el psicológico desvaloriza y ridiculiza a la víctima haciéndole sentir mal consigo misma y afectando su autoestima.

En el maltrato sexual, el agresor obliga a su víctima a realizar actos sexuales sin su consentimiento, además ve a su pareja como objeto sexual.

Según la psicóloga Lenore Walker, en el 1979 identificó que las relaciones violentas tienen un patrón cíclico que tiende a ser más frecuente y severo.

Walker describe el ciclo en tres fases: tensión entre la pareja, incidente violento agudo, para luego dar paso al arrepentimiento con un período de reconciliación. Estos ciclos no son iguales para todas las parejas, pues pueden tardar semanas o meses en completarse.

Entre los efectos de las víctimas de violencia doméstica que la OPM identifica se destacan baja autoestima, aislamiento, miedo, temor para tomar decisiones, depresión e insomnio, entre otras.

Los hijos también pueden presentar signos de depresión, aislamiento, confusión para resolver situaciones de conflicto y agresividad.

Entre los indicadores para que una mujer identifique a un posible agresor, la OPM destaca los celos en extremo, historial de haber golpeado a otras mujeres en el pasado, posee armas legales o ilegales, amenaza con suicidarse o con matar, abusa físicamente de sus hijos y el uso frecuente de drogas o alcohol, entre otros.

A pesar de que una relación donde la violencia doméstica se hace presente es una situación sumamente peligrosa, lo cierto es que muchas mujeres deciden permanecer en este círculo vicioso, según la OPM por la sociedad o por situaciones económicas, donde dependen totalmente de su pareja.